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El primer amor es una de las experiencias más significativas en la adolescencia y que se recuerda toda la vida. Es un cambio importante en la vida del adolescente, que descubre un mundo de sensaciones y sentimientos nuevos, que se dan en una etapa intensa, en el que las emociones son muy vívidas, pero que cabe vivir con realismo y responsabilidad, para lo que es esencial el acompañamiento positivo de los padres. De hecho, no es solo un cambio en la vida del adolescente, sino que a muchos padres les pilla por sorpresa, ya que gran parte de ellos supone que la edad de comienzo de un primer amor es mucho más tardía o sencillamente no se lo habían planteado. Por ello, os proponemos algunos aspectos y consejos a tener en cuenta sobre cómo  gestionarlo y fomentar relaciones sanas.

1. Estar preparados. Para ello es necesario considerar que una vez tu hijo entra en la adolescencia es muy probable que tenga un primer amor antes de lo que creías. Por ello, saber que actitud se tomará frente a esta situación y estar preparado sobre algunos aspectos es fundamental para dar los primeros pasos adecuadamente.

2. Aceptarlo como algo natural. Se trata de entender que está en una edad en la que tiene que aprender qué es “tener novio o novia”, que está habilitado y capacitado para tener un primer ensayo en el amor. Es bueno aceptarlo con comprensión, como algo que es esperable para la edad y dentro del desarrollo evolutivo del adolescente, recordando que como padres también aprendisteis de esa primera experiencia.

3. No prohibirlo. El hecho de prohibir quedar con su primer amor, puede hacer que se las ingenie mintiendo para seguir viéndole, os engañe o incluso que al prohibírselo se vuelva algo todavía más atrayente.

4. Marcar unos límites. El hecho de permitir la relación no implica olvidar cualquier tipo de responsabilidad, sigue habiendo unos horarios, unas obligaciones domésticas, unos estudios a los que atender, etc. En este sentido se recomienda que el adolescente siga disponiendo de los mismos horarios de ocio y días para salir que se habían pactado con anterioridad para quedar con sus amigos y que, ahora, sea él quien se gestione ese tiempo libre del que dispone entre amigos y “pareja”.

5. Tener una comunicación fluida. No juzgar. Habitualmente cuando los hijos expresan acontecimientos o experiencias, a los padres les gusta dar su opinión, aconsejar o incluso juzgar de forma precipitada sobre el tema. Si se quiere fomentar una buena comunicación, lo primero es escuchar y empatizar, para cuando se tenga una comunicación más fluida y se conozca con mayor profundidad la relación poder dar un punto de vista realista de la misma. Para ello, también se recomienda que sean los padres quienes hablen con sus hijos de sus primeras citas o primeras experiencias amorosas.

6. Evitar interrogatorios y no convertirlo en el tema principal de conversación. No hay que obsesionarse con saber todo sobre el “novio o novia” de su hijo. Es un tema de conversación más sobre el que hablar, no se trata de convertirlo en lo único que le preguntemos. El interrogatorio continuado hará que el adolescente sienta desconfianza por parte de los padres y entonces no acudirá a ellos en caso de necesitarlo.

7. No burlarse, ni dejarlo en ridículo. A veces, se hacen comentarios como “el niño se me ha enamorado y ahora no come” o “que tonto estás desde que tienes novia”. Este tipo de comentarios no muestran respeto por los sentimientos del adolescente y tomará distancia en la comunicación con los padres.

8. Del beso al sexo. Es una buena oportunidad para aclarar dudas al respecto, así como asociar el sexo al amor y al respeto, teniendo en cuenta qué información proporcionarle en función de la edad, así como los riesgos y consecuencias de no tomar precauciones.

9. Apoyo y consuelo en caso de ruptura. Si existe una buena comunicación con el adolescente, éste acudirá a los padres en caso de un desengaño amoroso en busca de consuelo y se sentarán las bases para confiar en los padres y hablar de las relaciones amorosas futuras.

Cómo enseñar a amar sanamente a una primera pareja de nuestro hijo es una gran oportunidad para vivenciar experiencias positivas y descubrir todo un mundo de sensaciones nuevas. Y, sin duda, es una de las formas de aprender a amar y que le tocará vivir a él mismo en primera persona. Sin embargo, enseñar a amar se hace cada día, desde que es pequeño se le enseña a amar a sus padres, hermanos, amigos y, sobre todo, a sí mismo. La esencia para amar de forma saludable en las relaciones de pareja se basa en una autoestima sana y seguridad en sí mismo. También es necesaria una buena resolución de conflictos y una comunicación positiva con la pareja. Sin embargo, muchos padres tienen miedo de que sus hijos no sepan ver cuándo una relación de pareja les está siendo perjudicial. Por ello, una buena comunicación paterno-filial, sustentada por una relación de confianza y respeto, hará que tu hijo acuda a ti en caso de duda, aprendiendo a discernir entre una forma saludable de amar y otra que no lo es.

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