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Para los millones de personas en el mundo que padecen trastornos de ansiedad y pánico, la vida cotidiana puede ser más complicada de lo que la mayoría de la gente cree. Cualquier acontecimiento puede generar miedo, pensamientos negativos, ataques de pánico y síntomas físicos persistentes. Además, la situación puede complicarse si sientes que nadie entiende lo que te ocurre. Existen ciertos estigmas sociales para las personas con ansiedad, pero las oportunidades para superarla van en aumento. Tiene solución.

La última cosa que puede relajar a una persona con ansiedad es que alguien le diga que se calme. De hecho, puede empeorar la situación. Intentar calmar a alguien en mitad de una crisis de ansiedad puede incrementar la respuesta emocional que surge en ese momento. Como consecuencia, al intentar no tener miedo, puede mostrar una reacción más intensa hacia lo que le produce pánico.

En vez de animar a alguien con ansiedad a que se relaje, te propongo que le ofrezcas apoyo y comprensión. “Decirle a alguien que se calme no es una buena idea, sobre todo porque nadie se imagina por lo que esa persona está pasando”. Si pudiera calmarse, lo haría. Lo mejor sería preguntarle algo como ¿Qué te hace sentir así? Reflexionar sobre ello y expresar sus sentimientos.

Es un día normal. Te estás preparando para salir de casa cuando, de repente, notas una presión en el pecho. De pronto, te absorbe un miedo atroz. Y no hay nada que puedas hacer para pararlo.

Algunos ataques de pánico aparecen de la nada, sin previo aviso, mientras que otros están inducidos por el miedo a enfrentarse a una situación que produce ansiedad. Independientemente del momento en el que ocurra (o de cómo te afecte personalmente), nunca es agradable y casi siempre es inoportuno. “Estos trastornos debilitan mucho a las personas que los padecen”, en parte porque ellos mismos reconocen que lo que experimentan es irracional, pero han aprendido a reaccionar así ante esa situación, es una respuesta natural. Y puede ser terrible.

 

Cuando te enfrentas a la ansiedad, tus miedos se amplifican hasta un punto extremo, y no siempre se desvanecen. Montar en avión o entrar en una sala llena de desconocidos puede ser insoportable, pero en ese momento no se puede hacer nada para alejar esos sentimientos.

 

Todos nos sentimos incómodos cuando nos enfrentamos a la incertidumbre. Sin embargo, los que sufren trastornos de ansiedad experimentan miedo a un nivel superior. “Todos sentimos ansiedad de alguna manera”. “Cuando hablamos en público, siempre nos gusta prepararnos, practicar y ensayar previamente. Todo el mundo puede hacerse a la idea de lo que significa tener ansiedad; es como si experimentásemos esos nervios y mariposas en el estómago cada día”.

 

Para tratar de ayudar a alguien con ansiedad a sobrellevar su problema, mucha gente de su entorno suele evitar los estímulos concretos que generan esa ansiedad. Sin embargo, esta empatía también puede reafirmar sus miedos. “Es una situación compleja: por una parte quieres que te comprendan, pero esto probablemente hará que tu familia y amigos se adapten a tus pautas, lo cual puede resultar negativo”. Los seres queridos se sensibilizan con tus miedos, por ejemplo, asegurándose de que su casa está libre de gérmenes o evitando las situaciones temidas para no provocar angustia. “Esto no ayuda, sino que alimenta el miedo”. “[Este comportamiento] corrobora que el miedo es válido y racional, lo cual también puede ser problemático”.

Cuando le dices a alguien que tienes ansiedad, su primera reacción probablemente sea tratar de identificarse contigo, aunque el estrés y la ansiedad a veces no tengan nada que ver.

El estrés es una emoción contagiosa. Una actitud continua de compasión (aunque sea con el objetivo de dar apoyo) puede acarrear más consecuencias negativas que positivas. “Dos personas juntas con ansiedad pueden retroalimentar su angustia. Si alguien está intentando controlar su propia ansiedad pero le cuesta, quizás es mejor no inmiscuirse, aunque creas que puede ayudar”.

Es un círculo vicioso: tus pensamientos se convierten en preocupaciones, y tus preocupaciones se convierten en pensamientos. Darle demasiadas vueltas a las cosas negativas es uno de los principales signos de depresión y ansiedad, y que la respuesta psicológica ante lo que te sucede es incluso mayor que el acontecimiento en sí mismo.

 

Hay que pedir ayuda si sufrimos de ansiedad, si nos obsesionamos demasiado con los aspectos negativos de la vida. “Las emociones que se sufren son reales”, “no es que la cabeza se las invente”.

La combinación del miedo y el no saber que te pasa es tan potente, que mucha gente piensa que el miedo es otra palabra más para el desconocimiento… Cuando entendemos el miedo y cómo actúa en nosotros, podemos utilizarlo como herramienta en lugar de dejar que nos destruya.

Lo importante y tranquilizador. Hay formas para acabar con la ansiedad. Hay muchas maneras de encontrar ayuda y muchas opciones disponibles. Se puede superar.

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