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Dicen que de la autocrítica se aprende. Dicen que es de sabios el saber rectificar y que si de verdad eres consciente de tu equivocación y la aceptas como un verdadero aprendizaje has dado un gran salto cuántico.

No es mi intención en ningún momento criticar, sino el abrir una nueva ventana desde la cual alguien pueda vislumbrar un punto de vista diferente, y quien sabe, quizás poder hacer consciente al menos a una persona de su forma de actuar.

Estamos muy equivocados al pensar que los verdaderos maestros espirituales deben ser “buenos”. En el momento que pensamos que un ángel solo va a actuar con amor entramos en la dualidad, ya que de así ser el Arcángel Miguel nunca habría podido derrotar al Guardián de la Oscuridad, ese que en realidad vive dentro de cada uno de nosotros.

Hoy voy a ser muy claro en mi testimonio. Y es por ello que quien más rechace mi escrito es a quien más falta oírlo.

La sociedad española está anclada, por desgracia, en una constante lucha de poder entre el verdugo y la víctima.

Solo necesitamos ver nuestro panorama político y como todos se apoyan en el mismo patrón para poder llevarnos a su antojo en una u otra dirección. Cuando unos dicen que los demás son unos inquisidores y que no les dejan llevar a cabo sus ideas adelante, cuando lo hacen intentando imponerse a toda costa. Y es ahí, en ese momento, donde han abandonado el papel de víctimas, y se  acaban convirtiendo en eso que denuncian, en agresores.

Pero no solo la clase política, no, este patrón está tan anclado en nuestros genes que es una constante en cada vida personal. Y no es de extrañar que fuese en España donde la inquisición tomase un papel fundamental en la era Moderna, ni mucho menos, puesto que hoy en día todavía arrastramos ese patrón.

Cuando he viajado por otros países, al volver a mi casa, me he dado cuenta de la gran influencia que tiene ese patrón aquí y de lo mal que nos sienta.

Recuerdo que en mi último viaje a Argentina (donde la energía de la nueva kundalini está abierta) cuando reclamé un trabajo por el que había pagado la persona en cuestión se sintió tan amenazado que me respondió con agresividad. Intenté no ponerme a su nivel y pensar que quizás le había pillado en mal momento, pero los meses pasaron y me dieron la razón: No hay honor en su conducta tanto por no hacerse responsable de sus acciones, como por la agresividad que demuestra en su vida cotidiana.  Y es una pena, ya que la principal característica de un verdadero maestro en artes marciales es el honor (recordemos que los samuráis llegaban a realizar el harakiri al faltar a su palabra y haberse deshonrado).

Otro de los grandes problemas que encuentro es que el papel de la  mujer ha sido tan maltratado que no es fácil sacarles de ese rol de odio que se ha creado al no respetarles su verdadero poder: el poder del amor incondicional reflejo de la Diosa.

Y es que cuantas veces la mujer ha sido víctima de toda clase de abusos (y no me refiero a abusos sexuales solamente) y ha tenido que “masculinizarse” para poder sobrevivir, creyendo que de esa forma o manera podrían recuperar su poder, olvidando de la importancia del poder femenino, ese que es la verdadera fuerza de la vida: el amor incondicional.

La verdadera cuestión es: ¿reconoces que cada vez que actúas con agresividad te has convertido en lo que desprecias?

Carl Gustav Jung (figura clave en el psicoanálisis) lo tenía claro: “Hasta que el inconsciente no se haga consciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino”

Javi Santos, El Camino del Mago Cuántico

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